Archivos Mensuales: diciembre 2014

Últimas horas del año…

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En estos momentos en los que se hace balance y afloran los buenos propósitos, rescato un maravilloso artículo de Angeles Caso que sienta las bases de lo verdaderamente importante, lo que por cotidiano a veces nos pasa desapercibido y solo cuando falta descubrimos como imprescindible.

…a estas alturas de mi existencia, he vivido ya las suficientes horas buenas y horas malas como para empezar a colocar las cosas en su sitio. Será, quizá, porque algún bendito ángel de la sabiduría ha pasado por aquí cerca y ha dejado llegar una bocanada de su aliento hasta mí. El caso es que tengo la sensación –al menos la sensación– de que empiezo a entender un poco de qué va esto llamado vida.
Casi nada de lo que creemos que es importante me lo parece. Ni el éxito, ni el poder, ni el dinero, más allá de lo imprescindible para vivir con dignidad. Paso de las coronas de laureles y de los halagos sucios. Igual que paso del fango de la envidia, de la maledicencia y el juicio ajeno. Aparto a los quejumbrosos y malhumorados, a los egoístas y ambiciosos que aspiran a reposar en tumbas llenas de honores y cuentas bancarias, sobre las que nadie derramará una sola lágrima en la que quepa una partícula minúscula de pena verdadera. Detesto los coches de lujo que ensucian el mundo, los abrigos de pieles arrancadas de un cuerpo tibio y palpitante, las joyas fabricadas sobre las penalidades de hombres esclavos que padecen en las minas de esmeraldas y de oro a cambio de un pedazo de pan.
Rechazo el cinismo de una sociedad que sólo piensa en su propio bienestar y se desentiende del malestar de los otros, a base del cual construye su derroche. Y a los malditos indiferentes que nunca se meten en líos. Señalo con el dedo a los hipócritas que depositan una moneda en las huchas de las misiones pero no comparten la mesa con un inmigrante. A los que te aplauden cuando eres reina y te abandonan cuando te salen pústulas. A los que creen que sólo es importante tener y exhibir en lugar de sentir, pensar y ser.
Y ahora, ahora, en este momento de mi vida, no quiero casi nada. Tan sólo la ternura de mi amor y la gloriosa compañía de mis amigos. Unas cuantas carcajadas y unas palabras de cariño antes de irme a la cama. El recuerdo dulce de mis muertos. Un par de árboles al otro lado de los cristales y un pedazo de cielo al que se asomen la luz y la noche. El mejor verso del mundo y la más hermosa de las músicas. Por lo demás, podría comer patatas cocidas y dormir en el suelo mientras mi conciencia esté tranquila.

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Que el dolor no me duela…

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Cuando me vaya, cuando emprenda el viaje sin retorno, no quiero una despedida lúgubre de salones oscuros, no quiero que se derrame la noche llorando sobre mi cama ni quiero forzar palabras resquebrajadas…cuando pliegue las velas y se me apague el alma, elevaré al infinito el resultado de las cuentas saldadas para que el dolor no me duela, soplaré despacio mi aliento mientras le doy la última lamida a la vida para poder marcharme saciada, satisfecha, desbordada en mi interior por el regalo inmenso que fue mi existencia…

Para mojarte en ayer…

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…hay lugares que de alguna manera laten en el aroma inquieto del tiempo y refrescan los cuadernos del viaje, que dejan un sabor dulce en la piel y despiertan olas en la boca, que acarician lentamente la memoria y encubren una pequeña parte de tu historia…hay lugares a los que quieres volver, aunque solo sea por una vez, para mojarte en ayer…

…es tan largo el olvido

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ñpp

Me rompió una promesa desgastada del mes de Diciembre,
una posdata afilada con las palabras mustias
que en ella lloraban,
un trozo de papel en el bolsillo
quemando como una huida clandestina,
la triste derrota que se amontona
en el fondo de un armario…

Pero cuando me besa el viento,
aún siento que son tus hábiles dedos
los que llegan a tiempo,
que es tu cálida voz
la que parpadea en mi conciencia,
que es tu sonrisa la que deletrea
mi nombre y mece mi vida…