Archivos Mensuales: diciembre 2013

Irremediablemente

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Irremediablemente soy demente, sí, me di cuenta mientras caminaba por el alambre entre las tinieblas, mientras elevaba un aluvión de plegarias a la orilla de la luna, mientras escribía versos envenenados de pecados inventados…no es una certeza desesperante, es besar mi propio exilio, mis huellas dactilares, mis cambios hormonales y el portal de mis vanidades, es alimentar mi perfecta imperfección que no escondo en ningún cajón…irremediablemente soy demente porque eludo el fuego de los ecos calientes que me reclaman, porque no me dejo arrastrar por las corrientes, porque marco mi territorio con pocos recursos, porque apoyo las ofensivas sin sangre, porque busco las sonrisas a las horas inexactas y escurro mis fuerzas cuando se acaba el día…soy demente porque anudo los jirones de mi vida para hacerme un sayo y dormir en los tejados de los bazares de las indómitas verdades, porque acuno en mi pecho los sueños desproporcionados, porque todo me tienta aunque no me consientan, porque encuentro cuando no busco nada, porque soy marejada de aguas extremas, porque crezco en la lava de los volcanes…

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¿No oyes caer las gotas de mi melancolía? R Darío

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Hay algo eterno en la melancolía, algo que se resiste a marchar, que se sumerge en las grietas del alma y se obceca en permanecer allí escondido, para aflorar una noche cualquiera, desprendiéndose suavemente de la ropa, evocando las postales que resucitan las distancias, arremetiendo desde la penumbra contra los principios que llevan la paz a las venas…hay algo perpetuo en algunos recuerdos, algo que se apolilla y pronostica la efervescencia de las emociones, que reactiva los pasos que corrieron por el andén de las despedidas, que despierta el aliento perfecto que se diluía por el pecho y dispara al corazón todo su armamento…hay historias que no se detienen con los grilletes, miradas infinitas que te asaltan al despertar como un cielo descubierto, perfumes desalmados que encienden la piel al pasar a tu lado, palabras que empujan el fuego, lugares donde todo empieza, donde rebota el eco y hay fechas que no levantan nunca los pies del suelo…

La felicidad siempre viaja de incógnito…

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La felicidad es tan esquiva, tan accidental, tan luminosa, tan desproporcionada en su caudal poderoso, que cuando atisbas su vórtice y su perfil desmesurado, cuando se acerca y te inyecta su dulce veneno en las venas, tan solo deseas filtrarte por cualquier hendidura de su halo tornasolado, aprender de sus manos, crepitar en su fuego, permanecer agazapado bajo su vuelo encrespado, poder despertarte junto a ella cada mañana y hacerte viejo a su lado…

El tiempo permanece intacto en mi memoria…

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Los viernes lluviosos
siempre vienen cargados de añoranza,
mi reflejo pasajero en las baldosas,
el frío denso deslizándose a mi lado
con la respiración entrecortada,
las tardes que enmudecen
y la larga sombra de tu ausencia
que me araña vorazmente garganta…

Los recuerdos se derraman
como se deshoja un árbol,
como se filtra entre las nubes
el tímido sol del otoño,
como se beben los tragos amargos,
como se pierde la razón
y me quedan anchas cientos de palabras entre las manos…

Los viernes lluviosos no son blancos ni son negros,
no son sí y no son no,
no son héroes ni villanos,
no son miel ni son hiel,
son la inútil resistencia,
son prescindir del alivio de las pausas,
son el tren que descarrila,
son disparos en el pecho
que pulverizan sus paredes,
son la tos nerviosa de cualquier argumento
que late herido y distraído
con pronóstico reservado…

Los secretos de la piel…

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Horas atrás, un lugar en la esquina del amor, una moneda al aire esperando la cara sobre las manos abiertas, un hombro sobre el que recostar la noche más honda y más eterna, un pecho en el que derramar una tímida respuesta… ¿sigues aquí?

Me imagino volando en el cielo de su boca, hacia el sur, siempre hacia el sur guiándome por las estrellas…me imagino temblando en el clima impredecible que esconde en sus fronteras…me imagino vaciándome, desgarrándome, desangrándome, agitándome en el violento rugir de sus olas inquietas… ¿sigues aquí?

Horas atrás todo era empezar, un recorrido frenético entre murmullos apresurados, todas las variantes despiertas que no encontraron en mi piel ni una sola protesta, los pecados pactados sin sentencias ni penitencias y arder, arder, arder hasta fundirnos otra vez…¿sigues aquí?

Veinticuatro horas…

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Veinticuatro horas pueden marcar la diferencia,
veinticuatro horas después
era como si estuviera flotando por el techo,
era vestir de transparencias los sentimientos
para exhibir en la piel un reino,
era llevar en el paladar el pálpito de sus besos…

Después del ayer, el día se extiende y suspira conmigo,
me abraza pleno y satisfecho,
sube algunos grados la temperatura
para rebotar caliente en mis mejillas,
para dejarme sentir el deseo entre los dedos
y regalarme el perfil de los momentos intensos…

Veinticuatro horas nada más
y el reflejo del espejo muestra colores inexistentes,
una mirada recién pintada,
la boca repleta de palabras confortables,
el placer inspirando a la carne
y atravesando el corazón de parte a parte…

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De los confines del alma,
de los andenes del corazón,
de las órbitas desorbitadas,
de los aledaños de la memoria,
de la zona más prohibida del vientre encendido,
de la avaricia entregada,
de las páginas no escritas, ni tan siquiera soñadas,
de los restos que me queden
nacerá siempre un oasis
entonando susurros apasionados,
un vergel en las palmas de mis manos,
un temblor inflamado asomándose a la vida,
un arrebato para perder la rutina,
para burlar las mentiras y gritarle al cielo
que el suelo se deshace cuando camino,
que el aire se enamora cuando lo respiro,
que el silencio es más sencillo desde que lo miro,
que el calor de la luna me abriga cuando se lo pido…